MUESTRALE AL SOL TU IRA Y A LA PUTA LUNA TAMBIÉN

miércoles, agosto 30, 2006

El COSTO DE NO DESPERTAR

Me costó despertar y me costó dormir. El despertador en el pecho, los ojos cerrados, y mi cabeza contra el cojín duro. Y luego la ducha y el agua resbalando por la piel y por el pelo. La espuma caía, me miraba los pies y las paredes amarillas. En la mañana salí y tomé micro para ir a clases. No tenía ganas de hablar, ni tampoco a nadie a quien hablar. Tenía un poco de frío porque el polerón que llevaba puesto era muy delgado, ni la chaqueta me protegía. Pero había sol, había sol, y alguna nube perdida. Y no me salían palabras, pero había palabras, y una que otra alma perdida. Y caminé como siempre, pero un poco incómodo. Ni con sueño ni con sueños. Y no miré a nadie y nadie me miró, y eso se sintió bien. Movía las monedas de diez pesos en mi bolsillo, las hice componer una sinfonía de bajo presupuesto, y en su movimiento, su roce con las yemas de mis dedos, con la tela del bolsillo y con las otras monedas ellas parecían cantar. No las acompañé con mi voz, porque habría echado a perder su sonido y movimiento.